13 noviembre 2011

Nuevos caminos

Hola a todos mis lectores,

Hace algunas semanas, he estado experimentando wordpress como nueva plataforma para mi blog.

Visítenlo aquí y suscríbanse en la columna lateral derecha. Es muy fácil, sólo escriban su correo en el recuadro blanco y hagan click en "follow". Los espero allá.

Muchas gracias por todos los momentos que pasamos juntos en blogger. Es hora de algo nuevo.

Saludos,

26 octubre 2011

La enfermedad de la lombriz, parte 1


Cuando hablamos de una enfermedad generalmente pensamos en un padecimiento negativo, pero dejamos de lado las enfermedades positivas. 

Hay una enfermedad especialmente interesante y de la cual quiero hablar, le llamo "la enfermedad de la lombriz". La explicaré a través de una historia dividida en dos partes. 

Acá va la primera parte:

Este lunes amanecí más modorro que de costumbre. Estaba como en "slow motion". Me preparé el desayuno y la comida del día, puse el café, me quedé mirando a un punto fijo como por 10 minutos, metí lo primero que encontré a mi maleta, bajé las escaleras, subí al coche, encendí la música... 

Iba tarde al gimnasio, era uno de esos días en los que traes el piloto automático. 

Desperté hasta que apareció "Cherub Rock", de Smashing Pumpkins en mi playlist (la agrego abajo). Le subí el volumen al 100% de la capacidad y comencé a tararear la canción (ya no me acordaba de la letra).

Así iba, embobado completamente con la rola, cuando llegué al estacionamiento del gimnasio. 

Me recibió un guardia. 

Ya lo había visto, pero no lo conocía. Éste sonreía de una manera especial desde que me vio llegar y, cuando bajé el vidrio, soltó una carcajada discreta. 

-"Buenos días"
-"¡buenas!"
-"A ejercitarte para empezar bien la semana, ¿no?"
-"Así es, así es..."

Y continuó sonriendo.

Entré al gimnasio con el ceño fruncido, como pensando "¿qué onda con ese guardia?, ¡qué raro que esté de tan buen humor!, ¿cómo puede alguien que está parado todo el día entregando boletitos permanecer de ese humor?, seguro porque es lunes, pero bueno, me cayó bastante bien, de hecho, me alegró la mañana". 

Y me contagió su sonrisa.

24 octubre 2011

El niño y el vagabundo


Los nuevos cambios de clima que nos ha regalado la ciudad de Monterrey me provocan un antojo irremediable por una tacita de café. Hemos amanecido entre 14 y 16 grados centígrados y por las noches vuelve a descender la temperatura, por lo que no está mal acompañar el crepúsculo con algo de cafeína. 

Siempre me ha gustado la experiencia del café: los aromas, el sabor, las mesitas, la conversación... además el café suele traer consigo un espacio para leer, escribir, intercambiar ideas. Para mí ha sido el lugar en donde convergen historias. De hecho tengo un sueño compartido con algunos amigos más de poner un café. Sé que un día será real.

Saco el tema del café porque el lunes pasado a eso de las 6.30 de la tarde, fui al café Punta del Cielo a escribir un rato. Cuando pasaron las siete, el sol ya se ponía y yo estaba en mi momento de inspiración máxima, entró un vagabundo. 

Desde que pasó el arco de la puerta me llamó la atención, pues me sonaba bastante familiar: alto, regordete y sucio (¡qué más podría esperarse de un vagabundo!). El hombre no dudó un segundo en acercarse a mi mesa. "¿No tiene algo que me regale, joven?", me dijo, mientras me acercó un botecito que traía impresa la foto de un niño. 

Me le quedé viendo. Era el mismo vagabundo que ya he visto en varias plazas, iglesias, cafés, pero la foto impresa sobre el bote era de un niño distinto. 

Dije, una de dos, o éste se dedica a ir engañando a la gente con nuevas enfermedades y complejos (suyos y de otros), o de plano es un voluntario estrella de muchas asociaciones. Yo lo he visto y lo he visto más de una vez. 

Me indigné pero me engañé pensando que la primera opción era una posibilidad. Me duró poco el truco. Luego llegó Andrés, le platiqué, lo twiteé y se me olvidó la historia.

Al día siguiente fui al Starbucks con Daniel, mi socio en BANG! Nos reunimos frecuentemente a dialogar sobre la estrategia del negocio y otras cosas más o menos importantes. Ya habíamos interrumpido agradablemente la conversación cuando nos topamos a David, que llevábamos mucho tiempo sin ver, y luego a Mariana, que nos preguntó sobre el fin de semana (parece rima). 

Pasadas las siete, tuve que interrumpir por tercera vez. Era el vagabundo de nuevo. Ahí estaba, otra vez, pidiendo con un diferente motivo. 

Ya no se acercó. Simplemente se pasó de largo. 

No creo en los vagabundos. Ni en los de aquí, ni en los de China. He visto cómo engañan a la gente y hacen negocio . ¿Qué opinan ustedes?


Cuidado con el vagabundo

10 octubre 2011

El principio de la aclamación

Varias veces he usado la expresión "hablando del rey de Roma" o "hablando del diablo y se asoma", pero nunca con tanta razón como hoy. Y es que creo en el principio de aclamación; que cuando hablas de alguien, a veces, lo aclamas. Hoy me sucedió dos veces.

Resulta que estaba preocupado porque un cliente, Jorge, cumplió años el fin de semana y yo no lo había felicitado. Le dije a Daniel, mi socio en BANG!, "Dan, creo que Jorge cumplió años el viernes y no lo felicitamos ni le mandamos la red box como a la mayoría de nuestros clientes".

En eso se escuchó la puerta. ¿Adivinen quién iba entrando? ¡Precisamente Jorge!

"¡¡¡Jorge!!!, no es posible, justo estaba hablando de ti", le dije. Seguramente pensó: "¡ay!, no manches". Se sentó junto a mi escritorio, lo felicité y comenzamos a hablar de lo que nos concernía.

Jorge se dedica, entre otras cosas, al negocio de la ganadería. Mientras hablaba con él se me ocurrió otro cliente con el que teníamos proyectos pendientes, Mau. De hecho Mau y Jorge se dedican a lo mismo. Le dije a Jorge "Jorge, tengo un cliente que hace lo mismo que tú, déjame te enseño el sitio web que le hicimos"

En eso se escuchó la puerta. ¿Saben quién era? Era Mau.

No me la podía creer. ¡¡¿Dos veces el mismo día?!!

Presenté a Jorge con Mau y hablaron de ganado en un idioma que parecía distinto al español. Que las fronteras y los precios y las vacas...

Qué padre es presentar a dos personas que comparten temas de conversación entre sí. Más interesante aún que dos clientes se conozcan en tu terreno. Pero, sobretodo, qué curioso pensar en alguien y que, en poco tiempo, se aparezca en la puerta de tu oficina.

Yo por eso tengo a Steve Jobs en "el escritorio" de mi Mac. A ver si da resultado.

10 agosto 2011

De la inspiración a la acción

Dejé pendiente el punto número cinco cuando escribí: Vender(te) la respuesta. Se trata del 99% restante, aquéllo que pasa después de la inspiración y que lleva las buenas ideas a la acción.

Más que un argumento, el punto número cinco consiste en dos personajes y algunas preguntas que te quiero presentar.

Mira. Ahora que comienzo a escribir de nuevo -y creo que aplica de una forma similar cada vez que "ejecuto" cualquier tarea- se interponen en mi camino algunos "fantasmas". Creo que nos pasa a todos. Es como parte de nuestra programación humana.

El primer fantasma es el Sr. Swaheid, lo acabo de bautizar así. Él es el típico "cuate de hamaca" al que le da flojera todo. Nunca cierra la puerta, ni sube la tapa del baño, no habla porque gasta las palabras, no se levanta porque se desgasta. Es de los que permanece sentado en una mecedora afuera de su casa mientras ve el mundo pasar. Y, cada vez que se aparece, me dice en un tono pasivo: "¿a dónde vas?, ¿para qué sales?, ¡ni quién te vaya a escuchar!, ¡mejor quédate sentado, como yo!, ¡mírame! soy muy feliz." A veces incluso habla más agresivo "se van a reír de ti", "te vas a meter en problemas".

Seth Godin le dice "el cerebro de lagarto" porque es el que siempre amplía los miedos y nos presenta mil excusas para dejar de hacer lo que queremos. Por ejemplo, en las mañanas, cuando estoy más modorro, mi cerebro a veces presenta las 15 razones por las cuales no debo salir temprano a ejercitarme. Swaheid significa flojera en algunas tribus de África.

El segundo fantasma es el Sr. Strimen. Él es el crítico, el amargado. A diferencia de Swaheid, Strimen aparece siempre a última hora y es hiperactivo; siempre tiene objeciones; siempre da la contra. Strimen es hyper-perfeccionista. Su carta de presentación es "muévele aquí", "todavía puedes cambiarle acá" o "¿apoco entregarás eso?". Aparece vestido de traje, pero sólo son apariencias. Por dentro es pura podredumbre. De hecho, hay quienes dicen que el Sr. Strimen es Swaheid disfrazado. Hay quienes creen que son como dos extremos que se tocan.

Y ahora sí la pregunta, ¿cómo le haces tú para deshacerte de estos fantasmas y llevar las ideas a la acción?, ¿conoces otros fantasmas?, ¿qué nos recomendarías a los que tenemos un temperamento más idealista y nos enfocamos más en la inspiración que en la acción?

Por cierto, ¿cómo te fue en tu primera clase?, ¿alguna experiencia que quieras compartir?

29 julio 2011

Inspirar(te)



Tienes razón cuando relacionas el éxito con la capacidad de inspirar. Y, sí, los griegos estaban en la verdad: la inspiración puede ser entendida como un arrebato de los dioses.

Pero la inspiración también se puede provocar o estimular. La necesidad ha sido por excelencia el modo de provocar la inspiración, ya lo decía Platón "la necesidad es la madre de la invención". Pero "la necesidad" se puede entender de muchos modos. Por eso, te voy a decir lo que a mí me funciona:

1. Sal de tu zona de confort

A veces nos atoramos pensando que sólo hay una respuesta correcta para solucionar los problemas -creo que se lo debemos a un sistema educativo que aún no descubre al hombre-. Y no es cierto. Generalmente hay muchas soluciones a los problemas, pregúntale a Edward de Bono.

Salir de nuestra zona nos ayuda a liberar nuestra cabeza, a pensar "fuera de la caja". Para ser verdaderamente inspirador, para encontrar ese "por qué" profundo que rija nuestra comunicación y nuestro modo de pensar, que despierte el interés en las cosas importantes, es bueno salir. Visita museos, lee, haz deporte, escucha música diferente -escucha en general-, date un respiro y ríete de ti mismo.

2. Reta los procesos

Una vez que detectas que los zapatos no tienen que ser negros, que las ciudades pueden tener otros sistemas de transporte, que las categorías con las que sueles trabajar podrían estar mejor organizadas, haz una lluvia de ideas que provoque lo alterno, lo aleatorio. Te recomiendo leer poesía. La poesía es, generalmente, aleatoria.

A mí me sirve hacer conexiones. Conectar lo que está desconectado. Relacionar lo que no está relacionado: una sandía y un reloj; un celular y un pájaro; una avellana y un bigote.

2.5 Detecta

Es tedioso pero "después de la tormenta siempre llega la calma". Después de la lluvia de ideas, detecta "qué" es lo relevante, "cómo" y "por qué" es relevante. Generalmente aquí es cuando encontramos las nuevas soluciones, ésas que inspiran.

3. Mueve mentes y corazones

Ahora sí. Comparte tu idea arrolladora, esa que mueva -que motive- las mentes y también los corazones.

Decías que todos somos únicos. Pues a todos debes lograr sembrarles "la espinita". Genera curiosidad en su interior. Ya lo decíamos, haz que se interesen con un poco de misterio. Y provoca coraje -una actitud pro-activa, diría Covey-, que les haga tomar riesgos.

4. Estimula a la acción

Algunas empresas de innovación, califican sus proyectos con el "factor de felicidad" -y no tiene nada que ver con última campaña de Coca-cola-. Si el factor de felicidad de mi producto o servicio no es más grande que "x" o es cuestionable, entonces lo tiro, lo deshecho.

Estimular a la acción es hablar en infinitivo, "hacer que las cosas sucedan". Te recomiendo leer a Scott Belsky, el fundador de Behance, que es un experto en la materia. Si no te funciona también les puedes enseñar el video del fuá.

5. Festeja

Francisco Azcúnaga, ex-rector de la UDEM, me dijo una cosa que se me quedó muy grabada: festeja. Festeja cada evento importante de tu vida y de los que te rodean, porque así le añades valor a los pequeños detalles de la vida. Y los haces memorables.

Pero no gastes. Aplica el "de traje" -saca tu lado más regiomontano- y que cada quien lleve lo suyo. Un empresario multimillonario la aplicaba y a cada invitado le pedía que llevara algo, no más de unos cuántos dólares y así armaba todas sus fiestas.

No pretendo ser dogmático ni hablar de reglas, ennumerar estos tips es un modo de dar valor. Ojalá que te ayuden a sacarles el ¡wow! a tus alumnos. Y que te recuerden como uno de esos grandes maestros.

Foto por Ian Sobolev

26 julio 2011

Vender(te): La respuesta

Preliminar.

Andrés Oliveros y yo estamos iniciando un "Proyecto Maestro" (del que no podemos hablar todavía, salvo que seas Andrés u Óscar).

Andrés es un tipo balanceado: lee, hace ejercicio y come bien. Es como todos los mensajes en letritas blancas que ponen en los anuncios de TV combinados en una sola persona. Además, es notoriamente divertido, quiere ser hipster -si no me creen, vean su reloj- y toca la guitarra como un semi-semidios. Imagínate el mejor guitarrista del mundo. ¿Ya? Bueno, Andrés se sienta a comer en la misma mesa con él.

También es escritor y sabe, como yo, que la vida es muy chida. Por eso, busca hacer puras cosas que le gusten. Piensa principalmente como humanista, con una visión de la Historia (y de las leyes) muy estructurada. Pueden descubrir más acerca de él en Mondoli, su blog.

Él explica en qué consistirán nuestras siguientes entradas. Haz click aquí para averiguarlo.

Te lo adelanto. Le escribo a él y a ti también.

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Andrés.

Te voy a decir algo simple que aprendí sobre vender: ya no está de moda. Creo que se lo aprendí a Daniel Macías, mi socio en BANG!

Nadie quiere vender y, sobretodo, nadie quiere que le vendan. ¡Qué flojera! Ya no tenemos tiempo para eso.

A todos nos ha pasado. El clásico vendedor que llega a casa vendiendo mil y un maravillas: la nueva crema que te tanea como si hubieras estado en la playa por dos o tres meses, el gel que adelgaza, el método de lectura rápida... ¡Le cierras la puerta!, ¡sal!, ¡no me interesa!

Más aún, los vendedores -los malos vendedores- ahora hasta regalan conciertos, pases al cine y hasta vacaciones para que los escuches un momento.

Recopilaré cuatro grandes ideas que funcionan en mi campo y, por lo que veo, en todos los campos. Ojalá te sirvan. Cuando los leas verás que vender puede sustituirse por invitar. Invitar es mucho más a gusto.


1. Trabaja duro (me lo enseñó la vida)

Sólo de ese modo tendrás algo de valor para dar. No han descubierto una manera más fácil. O trabajas o trabajas.

Y parece evidente. Nadie sigue y nadie compra lo que no vale. Tú mismo lo decías ayer: dale valor a lo que haces.


2. Sé interesante, no perfecto (se lo aprendí a Seth Godin)

Es imposible ser perfecto y mantenerlo -no es humano- y es, de hecho, aburrido. Puedes pretender ser perfecto por un tiempo pero, en el momento en que bajes la guarda y dejes de serlo, la gente dejará de creer en ti.

Es mejor ser interesante. Cuando eres interesante, mantienes fresco ese misterio que te permite dejar de ser interesante por un tiempo y ¡no importa! la gente esperará por ti. El interesante se enfoca en darle textura a las cosas, en las relaciones interpersonales, en la persona.

En conclusión, sé interesante e interésate en los demás.


3. Sé un visionario (me lo dijeron Jens Martin Skibsted y Rasmus Bech Hansen)

La gente muestra interés cuando puede ser guiada por una mente con una visión clara del mundo, con una estructura de valores única y una cultura que enriquece.

Esa visión tiene que estar integrada y ser consistente a lo largo del proyecto -o de la clase, en tu caso-; es la que va a provocar, es el poke.


4. Inspira (del maestro Simon Sinek)

Los grandes líderes, los que inspiran, se comunican de una forma especial. Simon Sinek lo explica muy bien con su "Golden Circle", y me recuerda un poco a mis clases de filosofía o periodismo: ¿por qué?, ¿cómo? y ¿qué?

De acuerdo con este modo de pensar, todos sabemos al 100% "qué" es lo que hacemos, es lo más superficial, lo más notorio; algunos saben "cómo" lo hacen, los procedimientos, los procesos; pero muy pocos saben "por qué" lo hacen: ¿por qué me levantan cada mañana?, ¿por qué hago lo que hago? Como resultado de esto, la mayoría de la gente se comunica de afuera hacia adentro, empezando por el "qué". Son pocos los que hablan, piensan y actúan de adentro hacia afuera.

Sinek usa el ejemplo de Apple:
"Si Apple fuera como todas las demás, su mensaje de mercadeo diría algo así: "Fabricamos computadoras geniales. Están muy bien diseñadas, son sencillas y fáciles de usar. ¿Quieres comprar una?" No. (...) es poco inspirador. Apple realmente se comunica así: "En todo lo que hacemos, creemos en el cambio del status quo. Creemos en un pensamiento diferente. La manera como desafiamos el status quo es haciendo productos muy bien diseñados, sencillos y fáciles de usar. Sencillamente hacemos computadoras geniales. ¿Quiere comprar una?" Completamente diferente, ¿verdad?"


La gente no compra los qué's, sino el porqué.

Yo te preguntaría ¿por qué te despiertas cada mañana?

Piénsalo, seguro los profesores que recuerdas trabajaban duro, eran interesantes y visionarios, personas con la capacidad de inspirar.

14 abril 2010

Le Peuple Migrateur (Winged Migration)

FACT: Los docus están de moda. ¡No hay vuelta de hoja!

Y ahora que se realizan varias "semanas de documentales" oficiales, quiero presentarles una reseña que realicé para mi clase de TVII con Shara Lange.

Le Peuple Migrateur, por Oscar Ramírez

“La historia de las aves migratorias es la de una promesa… la promesa de regresar. Si realizan viajes, con frecuencia de miles de kilómetros, expuestos a grandes peligros; si cruzan sobre las más altas montañas, extensos océanos, ardientes desiertos; si se enfrentan a inclemencias, es para responder mejor a una necesidad: sobrevivir”. Jaques Perrin.

Le
Peuple Migrateur, de Jaques Perrin, es un documental -"una leyenda de la naturaleza"- que muestra el viaje migratorio de las aves.

Ya había visto este documental hace unos tres años y lo había encontrado espectacular. Aproveché, por eso, la oportunidad que se nos presentó en clase de
tv para rentarlo otra vez. Y, después de horas de búsqueda sin fruto en las tiendas de video locales, decidí verlo por Internet.

A pesar de la mediana calidad de YouTube, el filme es un verdadero agasajo a los sentidos, un homenaje a la creación. En el mismo, se muestran
admirabilísimas tomas aéreas, terrestres y marítimas de los siete continentes: ciudad y campo, desierto y nieve, desde la Muralla China hasta la Torre Eiffel, Brasil, Canadá, Guinea Francesa, India, España, Kenia, Estados Unidos, Nepal y Polonia.

Gracias a estas mismas tomas, el director logra hacernos sentir como un ave más o, quizás sería más correcto decir, convierte al ave en persona. Esta experiencia se completa con el apoyo de los variados sonidos de ave que acompañan la extraordinaria pieza musical de
Bruno Coulais (que nos recuerda Microcosmos o Les Choristes). Es increíble la manera en que se utiliza este recurso, pues pareciera son las aves mismas quienes van creando la música.

El filme es un justo medio entre lo narrativo y lo meramente documental; entre lo artístico y lo meramente didáctico. Nunca había visto tantas historias, tantos personajes –de hecho no sabía que existían tantas especies de aves-, en una composición tan espectacular.

Me impactó el dramatismo que nos deja ver el director en el "
climax" de la película, en donde de pronto un cazador dispara y aniquila a algunos de nuestros "personajes", seguida por la toma de las fábricas y los desperdicios tóxicos o las jaulas con animales de la última parte. Nos muestra allí la manera en que el hombre mismo representa uno de los principales peligros de esta lucha por la supervivencia (sí, el discurso de Avatar no es nuevo).

El final es también
impactante y suave: sorprendente el ave que consigue escapar por su propia cuenta en el Amazonas. Lo suficientemente conmovedor para mirarlo otra y otra vez.

09 febrero 2010

Las cinco de "la mala suerte"

Dicen que un día se puede pintar de rojo cuando te levantas con el pié izquierdo. Yo quisiera agregar un par de momentos y sentimientos a la anterior experiencia de fortuna. Igual y logremos posicionar alguna de éstas y eliminar el “pié”, que ningún sentido hace y sólo discrimina a los zurdos.

Y acá van.

¿Por qué no poner “Levantarse al son del graznido de un pato”? Ese desesperante "cuak-cuak" agudo y grave que no deja de acrecentar la ira día tras día cuando uno vive en la ciudad... Si no es universal, podríamos poner mejor “el sonido que emita cualquier animal”. De hecho, yo mismo tengo una respuesta automática y –así como los perros- maldigo a las madres de todo el mundo cada vez que empieza un sonido repetitivo. Todos lo hacemos ¿apoco no? En esta categoría se incluirían alarmas de carros olvidados, música, gente “cantando” al son de un karaoke, entre otras cosas.

El segundo lugar se lo lleva “el celular a deshoras”. Ya que te levantó el pato, perro, gato, auto, karaoke o cualquier otro sonido exterior, estás a punto de quedarte dormido otra vez y suena el teléfono. Es tu mamá que sólo quiere ver si estás bien: “¿cómo estás mijito?, ¿bien?, me quedé con pendiente porque ayer llegaste tarde…” No es que mi madre sea así. Si lo fuera, apagaría mi celular. Pero sí que me han hablado otras personas y es de lo peor. Mala suerte número dos.

Tercera. ¡La típica! "En el baño no hay agua caliente". Acá no hay qué describir más: el sentimiento es universal. Conozco tres personas en el mundo que se bañan con agua fría… dos de ellos carecen de sano juicio. Tener que entrar a ducharse con agua fría es de esos signos que explicitamente indican el infortunio. Yo me pongo a rezar cuando me pasa. ¡No vaya ser que después choque!

Y la cuarta es esa: “situaciones que tengan qué ver con el tráfico o con tu auto”. O chocas o sales de tu casa y la batería del auto misteriosamente está descargada –aún y cuando la acabas de cambiar por una nueva-; o los semáforos te tocan –todos- en rojo; o señoras al celular se cruzan por tu camino sin hacer señales; o estacionas tu auto recién lavado cerca de la sobra de un árbol y, en menos de 15 minutos, lo encuentras lleno de popó de pájaro; o no encuentras estacionamiento en la UDEM.

Y el quinto y último sería –podría ser- relacionado con tu ropa. Cuando ya parece que nada más te puede salir mal, se te caen los tostitos con queso sobre la camisa que estrenabas ese día, se te rompe el pantalón en medio de la universidad o, peor aún –y acá quizá sonará familiar- derramas accidentalmente el café sobre la corbata favorita.

La lista de situaciones relacionadas con la mala suerte continuará en otro blog que se llame “negatividad”. Ahí incluiremos la corrupción, la burocracia, la pobreza, los terremotos, las marchas y manifestaciones de los últimos días, los diputados plurinominales, algunos locutores de radios y sus esposas, la crisis económica, entre otras cosas. Pero como premoniciones es feliz y siempre versa sobre estupideces menos condenadas, quizá nunca veas esa lista aquí.

04 febrero 2010

Sueños de un futbolero frustrado

Cuando un sueño es bueno y es interrumpido por el despertador o por cualquier otra cosa, la primera reacción usual es: "mi!”$·%&erda, no quiero despertar".

Sé que para algunos de nosotros esa reacción es regular. No creo en los que dicen que amanecen con una sonrisa o una oración -eso quizá viene después-. Somos muchos más –pienso- los que generalmente queremos guardar unas horas más nuestro cuerpecito en esas sábanas limpias con olor a "flores del campo" o "brisa del mar". Por algo se inventó el botón de SNOOZE -un genio, por cierto, Mr. Snooze-.

Pero este post no es para describir esa curiosa sensación de tomar conciencia después de un sueño pesado. Quiero, más bien, hablar específicamente de mi sueño de anoche.

Bien. Estaba en un gran salón. No era un salón normal, sino –insisto- un gran salón de eventos. Allí se encontraban varios personajes que han aparecido por mi vida en los últimos 7 años –sólo 7 años porque hasta ahí registra mi memoria conciente… lo demás son sólo breves olores, historietas, algunos videos y fotografías, entre otras cosas-.

En ese salón estaban algunos de mis compañeros de preparatoria. Específicamente aquellos que aborrecía más, los que menos esperaría ver. En mi sueño, sin embargo, eran mis más grandes amigos. De hecho compartíamos la mesa vestidos de gala. Smoking. No sé, no me acuerdo de más detalles.

Uno de ellos interrumpió de pronto la conversación y contó un par de chistes acerca de nuestra adolescencia. Se recordaron anécdotas –me permitiré decirlo- y así. No son importantes los temas que se trataron en la mesa. La comida era más que deliciosa.

También estaban allí algunos maestros de filosofía y otros de comunicación, gente con la que he compartido trabajos, proyectos, algunos familiares queridos y otros no tan queridos, todo parecía espectacular.

Pero ese día había un evento más. Era el clásico regio de futbol y además coincidía que era la final del torneo por primera vez en la historia. Esa tremenda coexistencia provocó que mis manos comenzaran a sudar. Me tenía con los nervios expuestos –no sé cómo más expresar esa tensión inmensa y no sé por qué razón en mi sueño un evento de tal naturaleza provocó tales cosas-.

El asunto es que no tenía boletos y quería ir. Lo comenté con uno de mis excompañeros de preparatoria, quien tomó sus cosas y me dijo: “sígueme”. Salimos del lugar, tomamos un metro –sería romano, porque el regio no era-, llegamos a un lugar en donde estaba su auto y nos dirigimos al estadio pero, antes de llegar a la calle que te lleva directamente al mismo, tomamos otro camino.

-“Te equivocas”, dije.

-“¡No!, espera…” respondió. Y agregó “no comas ansias, ya casi llegamos.”

Escuchábamos algo así como Maná o Caifanes. Recuerdo varias canciones específicas, pero no las digo para guardar el anonimato del dueño del coche.

Luego de unos 5 minutos de rodeos y callejones, llegamos a nuestro destino. Era una pequeña puerta de cómo un metro cuadrado.

-“¿Y ahora qué?”, pregunté

-“Nada, pues hay qué entrar por ahí.”

-“¿¡Qué!?, ¡ni ma%$·es!”, dije claramente.

-“Guey, confía en mí.”

En ese momento ya estaba más conciente. De esas veces en donde el sueño se empieza a mezclar un poco más con la realidad o no sé. Ya no quería entrar –al menos no tanto- y ya no me fiaba de esa persona.

-“Por qué confiaría en ti, si apenas te conozco. En realidad no eres mi amigo.” Grité, como si estuviera en una serie de televisión americana.

-“Bueno” –respondió- “¡como quieras!, entraré primero yo.”

No me quedó más opción que seguirle. No pensé en la claustrofobia, en lo elegante que estaba para ir al estadio, en lo sucio que pudiera estar aquel misterioso túnel, en que nada era lógico, en que no llevaba a Fátima conmigo, en dónde estaría en ese momento y en un par de cosas más.

Y de pronto mis oídos comenzaron a escuchar algo. Un ruido que iba creciendo.

-“¿Listo?” dijo mi compañero.

-“¡Más que listo!”

Se escucho un golpe fuerte, seguido por el peculiar sonido de tumulto bochinchero del estadio: AAAAHHHHHHHH… seguido por el estrepitoso sonido de mi maldito despertador. PIP, PIP, PIP, PIP, PIPIPIPI, PIPIPIPI, PIPIPIPI, PIPIPIPI, PIPIPIPIPIPIPIPIPIPI…. Y me desperté.


02 febrero 2010

La receta del día

Y, así como la Julia llegaba a escribir sus recetas después de días pesados, así yo les pongo hoy mi primera:

10 pasos para "adquirir" gripa en esta temporada.

1. Levántate.

Abre los ojos, apaga el despertador, encuentra tus pantuflas debajo de la cama y póntelas (el diccionario de Word sugiere: móntelas). Toma un baño. Desayuna ligero.

2. Trabaja.

Déjate empapar por un día regular de trabajo: estrés, buena música, comida rápida, pendientes que eran para ayer, y los puntos suspensivos que convengan. Oscurece (sin la b).

3. Dirígete hacia la UDEM en horario de 7 a 10.

Equis. No tiene gran complicación. Si los días están pesados y el tráfico cada vez peor, simplemente piensa en los niños de Haití o en Salvador Cabañas y agradece tu estado actual. Respira, quizás sea el único momento del día de tranquilidad. Si llueve, maneja con precaución.

4. Muestra tu credencial al entrar.

Con esta inseguridad, ahora desconfían de uno hasta en la universidad, que debería ser un segundo hogar. ¡Ni hablar!

5. Estaciona tu auto en el ranchito más cercano.

Después de 15 minutos de espera, puede que te toque un lugar a menos de 10 minutos del salón de clases.

6. Encuentra tu salón.

No importa cuán despistado seas, la UDEM te ayudará a clasificar los pisos por colores. Todo es más fácil acá.

7. Toma apuntes.

Pon atención. No vaya ser que al profesor se le ocurra poner examen.

8. Si te dan break y no fumas, acompaña a los que sí tienen el vicio.

Así igual y agarras algo bueno de ahí también.

9. Sal de clases

La parte más interesante. Quizá siga lloviznando para ese momento. Tú pensabas que hacía menos frío así que ibas desabrigado. ¡No te apures! Esa agua es como rocío. Salta los charcos que aparezcan por el camino, no importa cuán grandes sean. Si cruzas ríos, moja tus pies: es lo mejor que puedes hacer. Y en ranchito, ¡qué mejor!: empaniza (el diccionario sugiere empaliza) tu calzado con el sabor de un buen lodo.

10. Sube a tu auto.

Lo que faltaba simplemente era que la calefacción no sirviera y que acabaras de lavar tu auto para terminar un buen día de la Candelaria.

01 febrero 2010

Wall-e, el futuro y la imaginación

Un buen amigo tuvo sueños sobre la humanidad futurista: sin cejas o pestañas, sin cabello, sin uñas, sin un pelo, sin células muertas que "invadieran" nuestros cuerpos. Pregunté, ¿lo viste en tu bola de cristal? No, respondió, pero es de alguna manera lógico…


Y de lógica a veces la imaginación no tiene una gota. De cualquier modo entré en ese juego y, siguiendo esas tendencias, inmediatamente –¡ah inmediatez!- dibujé en mi cabeza un prototipo de humano.


No se parecía a lo que hemos visto en televisión. Es difícil resumirlo en unas cuantas palabras -para eso está el cine-. Ahora que lo pienso es parecido al que plantearon mis amigos de pixar en wall-e. Quizá después saque una película o un corto en donde explique mi visión futurista del hombre. O, no sé, probablemente pueda expresarlo a través de un logotipo.


Pero si quisiera dar unos breves trazos. Tomando como referencia lo que mi amistad apenas subrayó, comenzaría diciendo: bien, no tiene pelo, uñas o cejas. A ese gusano, agrégale las extremidades, vístelo futurísticamente (yo creo que los rombos y cuadros habrán regresado para entonces), tendrá un sentido más, pónle una tercera oreja, ojos en la espalda y ya está: el modelito físico del futuro. Después ponle un nombre y sácalo a pasear.


En el plano social, veo a mi “avatar” a la Ryan Bingham, llevando solo una mochila. Y nada más. Éste sería enteramente independiente a/de la humanidad y absolutamente subordinado de las tecnologías que nosotros mismos desarrollamos. No hace falta ser sociólogo para darse cuenta de ello, el tema está trilladísimo: nos separamos cada vez más unos de otros.


En esa mochila estaría la nueva versión del iphone –con esto pretendo decir que el iphone permanece por varios años más-, un cambio de ropa y un par de cosas más.


La parte espiritual no sé cómo imaginarla. Hay de dos: o es ateo, o es un ecléctico que ha logrado reunir o resumir las religiones en una sola. Psicológicamente está destruido.


Y acá termina el juego. Sería un poco depresivo seguirle. Malditas tendencias. ¿Irán en realidad en contra de la propia definición de hombre?, ¿Nos llegaremos a acostumbrar en algún momento a estos nuevos mundos?, ¿qué no el hombre es un animal social?, o ¿eso ya quedó como una etapa más de la evolución que ya superamos?, ¿se puede definir y construir al hombre en sí mismo y sin los demás, sin la sociedad?

10 diciembre 2009

Oh, no... ¿no tiene título?

Vuelvo.

Me inspiran principalmente tres* cosas:

1. El olor a café de la oficina,
No sólo el de este momento específico cuando escribo -el de ahora es un café de Santo Domingo, proporcionado por un gran amigo que tiene allá sus raíces-, sino el de todos los días. Y es que me he dado cuenta que soy adicto al café -además del facebook, la buena música, las pantallas, al olor de la ropa recién lavada, las mochilas, a cantar cuando nadie me escucha, a dormir boca abajo, entre otras cosas como escribir y poner comentarios entre guiones-.

2. mi novia,
Que me insiste -casi diariamente- que vuelva. De hecho, pensándolo bien, mi novia representa a todos los lectores -los pocos o los muchos que tenga- quienes han entrado y no han encontrado respuestas en estos meses. La culpable es la soberbia de querer escribir geniales tratados de otros mundos. NO. Lo bueno del blog es que puedes escribir lo que quieras, cuando quieras, como quieras. De hecho, agradezco también la insistencia de Andrés Oliveros, de Mondoli quien, aunque ha criticado mi estilo en alguna entrada suya, es también motivo de la vuelta al mundo.

3. la película de Julia y Julieta (no me sé exactamente la traducción).
La vi la semana pasada. Ella, la cocinera moderna, abre un blog y luego se hace famosa. No lo quería decir tal cual pero me identifiqué un poco con ella. Yo no me quiero hacer famoso. Pero me gusta cómo expresan el sentimiento de escribir en un blog. Les recomiendo la película si son bloggers o cocineros. Espero que el blog no desate peleas maritales como las de ella.

*Dos comentarios:
Pienso -le he copiado a algunos intelectuales- que ennumerar a veces limita. Quizá en este caso haya más de tres razones por las cuales me he inspirado. Pero puse tres. Ahora no hay remedio. Sólo me queda volver y corregir cada vez que piense en otro motivo o dejarlo así y mentir. Bueno, ese fue el primero. Y el segundo es que odio las listas. En este caso enlisté por diversión, por -no sé- tratar de hablar en un lenguaje nuevo.

Adiós.

27 octubre 2009

"W" short film, by me

Adiós fotos en el blog

Bajé un documento recientemente (hace dos o tres semanas, quizá más). El propósito inicial era aclarar algunos asuntos de derecho (derechos) con respecto a mi labor profesional. La sorpresa fue tan grande, que se me quitaron las ganas de escribir. Sin duda es por ello por lo que no hemos visto más entradas acá. Y es que me di cuenta que, en este blog (y sólo en este blog), he sido ilegal.

He sido ilegal porque subí fotos a las cuales doy crédito, pero que no he comprado. Y bueno, no lo sabía, con lo cual me quito de culpa.

Alguna vez un amigo me hizo el comentario. Y yo le dije: "¿qué?, pero si yo no lucro con esto". "¿Y luego?", agregó, "estás aprovechándote de su arte (porque la fotografía sí que es arte), ilustrando tus historietillas con imágenes robadas".

Te preguntarás "y, sin fotos, ¿qué será de premoniciones?". ¡Pues nada! seguirá vivo.

Se me ocurren dos opciones:

1. Llenarla con mis propias fotografías (no sé que pueda suceder después de ello, quizá pierda los dos o tres (mil) fans que tengo).
ó
2. Eliminar toda ilustración y, como en un libro o como en mondoli, basarme en mis propias oraciones para cautivar (¡equis!, no sé qué pueda pasar).


15 septiembre 2009

Or are we dancer?

Nos han etiquetado los sabios modernos como la sociedad de la información, del cambio, como la sociedad post-industrial, la del internet, la posmoderna, la del conocimiento.

A mí me ha tocado vivir más bien en la sociedad del miedo. Tememos que suceda casi cualquier cosa. Tenemos miedo, por ejemplo, a quedarnos sin un cinco, a ser deportados, al qué dirán; a perder un dedo, a contraer influenza, al calentamiento global, a ser secuestrados, a que rapten a un familiar, que roben la casa; a la comida vegetal y a las grasas; a las montañas, la lluvia o los animales; a perder el trabajo, o el control, o la cordura. Le tenemos miedo al estrés.

Tenemos miedo que esté envenenada nuestra comida, que miren la clave de nuestro correo electrónico, que nos hakeen. Nos da miedo hablar de más, pero también hablar de menos; no figurar en un grupo; no ser popular; no recibir llamadas o alertas en facebook. Nos asusta la realidad y las películas, la música, el cine, la televisión, el radio.

Tememos entrar a lugares cerrados, nos asustan las arañas, el agua o lo desconocido. He escuchado gente que incluso le teme a los aliens o al chupacabras.

Nos da miedo que el internet pueda comerse la realidad, que las abejas tomen el control del planeta, que los robots tengan sentimientos, que nuestros coches hablen, que de pronto haya un huracán que termine con el planeta. Tememos el ruido y el silencio. Nos da miedo engordar. Le tenemos miedo -a veces- incluso a nuestros mejores amigos.

Nos da miedo conocernos verdaderamente y conocer a los demás. Nos da miedo amar. Nos da miedo mirar a los ojos.

Es esta sociedad, la que se queda en silencio. La que apenas mira -y con esto quiero decir: la que apenas se mira, la que apenas observa, la que apenas escucha-. Pareciera que los sentidos sólo los quiero para lo que me es placentero. Si no, los ignoro. Ignoro las señales. Ignoro a los demás.

¿De dónde surge este miedo?, ¿quién lo crea?, ¿somos nosotros mismos?

La imagen es de H. Sorensen de la colección Stone en GettyImages.



08 septiembre 2009

Lovers in Japan



Me he trabado en la nada por unos minutos antes de comenzar a escribir. Ahí (aquí) frente a la computadora tuve “un viaje”. Fui a mi sueño de hoy, que me tiene todavía angustiado. Es una especie de ansiedad ligera que invade mi subconsciente desde ese momento y de la cual no me he podido liberar.

No creo que tenga algo qué ver con el peso del trabajo, o de los exámenes o con Los Secretos de la Razón; no con mis errores pasados o la crisis, la gripa porcina o el concierto de KOL; tampoco creo que esté relacionado con el video experimental (que no es experimental) o con la BigMac que comí. No. Creo que es un simple desliz de mi imaginación o de mi creatividad. Quizá sea la falta de creatividad o la cena con queso.

Estaba en el aeropuerto (uno inventado, muy al estilo Charles de Gaulle). Me acompañaban mi familia y mi novia. Era un día nublado, con mucho trabajo y exámenes finales; uno esperanzador en el que dejaría todo aquello atrás para comenzar un viaje a tierras nuevas. Era –quizá- una premonición de una salida (desde un aeropuerto que no conocía). Iría a estudiar una maestría o algo así. Me habrían dado una beca en el extranjero.

Nos despedimos. Hubo lágrimas (y así). Y (así sin más), después de horas de filas y de papeleo, recordé que no había hecho la maleta. No llevaba conmigo nada más que un par de dólares. Y allí me desperté, pero el sueño ha continuado en mi imaginación.

Descubrí que no era yo, sino un japonés (hijo de mexicanos) que viajaba por primera vez acá desde el aeropuerto de Kansai. Era un artista que venía a exponer su trabajo y era precisamente su trabajo el que olvidaba. Era mayor que yo, tenía como 35 años; era bajo de estatura, sus ojos no estaban rasgados a la japonesa, sino a la mexicana. Le gustaba escuchar Lovers in Japan cada vez que salía de viaje. De hecho la escuchó ese día. Él sí llegó acá. Y llegó a salvo. Y, para poder traer sus obras, tuvo que tomar dos trabajos. Comenzó a dar servicios de telefonía y clases de japonés. Por la tarde pinta y vende este nuevo material anticreativo a precios bajos.

Es fecha que su obra no llega. Es fecha que no aprende español.


04 septiembre 2009

"De reojo" (2006), Betsabeé Romero



Tuve el placer de ir a Marco hace unos días. Me topé con un cuarto lleno de retrovisores de coche que reflejaban un video con carreteras fronterizas vacías y peligrosas. Pero lo mejor fue la poesía que estaba pegada a la pared con vinil.


Como la Mirada de infinitas mujeres que recorren

Diariamente trayectos peligrosos

Por ir a su trabajo,

Por ir a su escuela,

Por regresar o ir cerca de la frontera,

Como en Ciudad Juárez,

Como en Guatemala,

Chivos expiatorios de la política, del narcotráfico y de la pobreza,

Mujeres que bajan y suben de sus transportes

Mirando de reojo,

Espejeando,

Como con espejos retrovisores

De una Mirada tatuada de oraciones

Una Mirada que hemos aprendido involuntariamente

A llevar a cuestas,

Volteando incesantemente

Para ver si alguien nos sigue

Si alguien esta escondido en la parada

Si van siguiendo al colectivo

Si en el camión alguien nos mira

Espejos llenos de rezos y plegarias

De las hijas, de las madres y de todas

Las que somos y queremos.

En este transitar al sur de las fronteras.

03 septiembre 2009

worthless battles

A veces luchamos batallas muy al estilo de Sísifo. Y pasamos eternidades subiendo enormes rocas por laderas tan empinadas que, cuando estamos a punto de llegar a la cima, invariablemente, se precipitan al vacío y nos fuerzan a comenzar de nuevo.