26 octubre 2011

La enfermedad de la lombriz, parte 1


Cuando hablamos de una enfermedad generalmente pensamos en un padecimiento negativo, pero dejamos de lado las enfermedades positivas. 

Hay una enfermedad especialmente interesante y de la cual quiero hablar, le llamo "la enfermedad de la lombriz". La explicaré a través de una historia dividida en dos partes. 

Acá va la primera parte:

Este lunes amanecí más modorro que de costumbre. Estaba como en "slow motion". Me preparé el desayuno y la comida del día, puse el café, me quedé mirando a un punto fijo como por 10 minutos, metí lo primero que encontré a mi maleta, bajé las escaleras, subí al coche, encendí la música... 

Iba tarde al gimnasio, era uno de esos días en los que traes el piloto automático. 

Desperté hasta que apareció "Cherub Rock", de Smashing Pumpkins en mi playlist (la agrego abajo). Le subí el volumen al 100% de la capacidad y comencé a tararear la canción (ya no me acordaba de la letra).

Así iba, embobado completamente con la rola, cuando llegué al estacionamiento del gimnasio. 

Me recibió un guardia. 

Ya lo había visto, pero no lo conocía. Éste sonreía de una manera especial desde que me vio llegar y, cuando bajé el vidrio, soltó una carcajada discreta. 

-"Buenos días"
-"¡buenas!"
-"A ejercitarte para empezar bien la semana, ¿no?"
-"Así es, así es..."

Y continuó sonriendo.

Entré al gimnasio con el ceño fruncido, como pensando "¿qué onda con ese guardia?, ¡qué raro que esté de tan buen humor!, ¿cómo puede alguien que está parado todo el día entregando boletitos permanecer de ese humor?, seguro porque es lunes, pero bueno, me cayó bastante bien, de hecho, me alegró la mañana". 

Y me contagió su sonrisa.

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