10 julio 2009

La mujer de Abdías


Abdías también logró volver. Y no es sólo porque la gente quiere conocerlo mejor. Él mismo trae -como anexo- más material. Es como un pesado forward con presentaciones de power point -ok, es mala, la figura.

Regresó de su pueblo hace como un mes. Para los que tenían la duda -yo la tenía- sí proviene de una comunidad cercana a Axtla. El municipio de al lado.

¡En fin!, un sábado por la tarde, justo después de las cervezas con Fabián, pasé por la oficina. Tenía que ir porque había olvidado mi celular -o algo así, la memoria no me da para ser exacto. Era de noche ya -eso sí lo recuerdo. Estacioné el coche donde siempre, sobre la banqueta. La luz de la oficina estaba encendida.

Ok -me dije- pueden ser dos cosas: o se me olvidó apagarla, o alguien más está allí dentro. (Disculpen la lógica estúpida. No me suelo hablar así a mí mismo. Éste es sólo un ejercicio de redacción).

Quería abrir la puerta sigilosamente, pero la chapa está rota, por lo que fue evidentísima mi "entrada triunfal". Y allí, del otro lado, estaba él. Era Abdías. Hola -le dije- ¿qué haces acá? Se quedó como callado. No dijo nada. Y luego miro hacia la puerta del costado. La abrió y dijo "¡mira!, mi hija". Y allí estaba ella: la niña. Se trataba de una pequeña de apenas 2 meses.

"Wow" -dije- "es tu hija". No me respondió. Hizo cara de "es lo que te acabo de decir, ¿no es lógico?". Apenas pude sonreír. No por la niña, sino por la escena en general. Detrás estaban la madre y otras dos pequeñas de unos 3 y 5 años.

Le pregunté: "¿es tu esposa?, ¿son tus otras hijas?", suponiendo que me las iba a presentar. "No, no es mi esposa." -respondió. Y se quedó en silencio de nuevo. Las niñas no sonrieron. Se escondían detrás de la madre.

"No es mi esposa" -dijo. En ese momento su rostro cambió. De ser el indito ingenuo, había pasado a ser "el macho", al muy estilo mexicano. Su mirada era más grave; sus párpados aumentaron de tamaño. Parecía como si hubiera crecido unos 20 años muy de repente. Yo le acaricié el pelo -a la niña, no a Abdías- y me fui. Y le tuve miedo por primera vez -a Abdías. Y entendí la recomendación de Lanke de retirar el mazo de aquel lugar.

En el pasillo hacia las oficinas, ya había olvidado lo que iba a hacer allí. Me metí al baño. Me miré en espejo. Y noté que yo mismo había envejecido un poco también.

La foto es de GettyImages, por Mónica Rodríguez


4 comentarios:

  1. No se como supiste que me meteria a los comentarios, jeje. Pues no te sorprendas de verte viejo, cada año que pasa sucede.

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  2. SÍ ES SU ESPOSA WEY!

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  3. Guey, buena entrada! Me gustó la tensión final.

    Lo que no entiendo es porqué pones imágenes: es como ver leer el Señor de los Anillos después de ver las películas. Nomás no.

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