26 mayo 2006

lo sigo

He seguido al Papa por Varsovia.

Veamos sus mejores fotos.











Pongo también fragmentos de la homilía en VARSOVIA, el viernes, 26 mayo, es decir, hoy mismo. (Plaza Pilsudski)
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"¡Sea alabado Jesucristo!

"Queridos hermanos y hermanas en Cristo Señor: «junto con vosotros deseo elevar un canto de gratitud a la Divina Providencia, que me permite hoy estar aquí como peregrino». Con estas palabras, hace 27 años, comenzó su homilía en Varsovia mi querido predecesor, Juan Pablo II. Las hago mías y doy gracias al Señor que me ha concedido poder llegar hoy a esta histórica Plaza. Aquí, en la vigilia de Pentecostés, Juan Pablo II pronunciaba las significativas palabras de la oración: «Que baje tu Espíritu y renueve la faz de la tierra». Y añadió, «¡De esta tierra!».

(...)

"¿Cómo no dar gracias a Dios por lo que sucedió en vuestra patria, en el mundo entero, durante el pontificado de Juan Pablo II? Ante nuestros ojos han tenido lugar cambios de enteros sistemas políticos, económicos y sociales. La gente de varios países ha reconquistado la libertad y el sentido de la dignidad. «No olvidemos las grandes obras de Dios» (Cf. Salmo 78, 7).

(...)

"Acabamos de escuchar las palabras de Jesús: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad» (Juan 14, 15-17a). Con estas palabras Jesús revela el profundo lazo que existe entre la fe y la profesión de la Verdad Divina, entre la fe y la entrega a Jesucristo en el amor, entre la fe y la práctica de una vida inspirada en los mandamientos. Estas tres dimensiones de la fe son fruto de la acción del Espíritu Santo. Esta acción se manifiesta como fuerza interior que pone en armonía los corazones de los discípulos con el Corazón de Cristo y les hace capaces de amar a los hermanos como Él los ha amado.

(...)

"A lo largo de la historia de la Iglesia, los apóstoles han predicado la palabra, preocupándose por entregarla intacta a sus sucesores, quienes a su vez la han transmitido a las generaciones sucesivas, hasta nuestros días. (...) la Iglesia no puede acallar al Espíritu de Verdad. (...) Todo cristiano está obligado a confrontar continuamente sus propias convicciones con los dictámenes del Evangelio y de la Tradición de la Iglesia en su compromiso por permanecer fiel a la palabra de Cristo, incluso cuando ésta es exigente y humanamente difícil de comprender. No tenemos que caer en la tentación del relativismo o de la interpretación subjetiva y selectiva de las Sagradas Escrituras. Sólo la verdad íntegra nos puede abrir a la adhesión a Cristo, muerto y resucitado por nuestra salvación.De hecho, Cristo dice: «Si me amáis…». La fe no significa sólo aceptar un cierto número de verdades abstractas sobre los misterios de Dios, del hombre, de la vida y de la muerte, de las realidades futuras. La fe consiste en una relación íntima con Cristo, una relación basada en el amor de Aquél que nos ha amado antes (Cf. 1 Juan 4, 11), hasta la entrega total de sí mismo. «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Romanos 5, 8). ¿Qué otra respuesta podemos dar a un amor tan grande, sino un corazón abierto y dispuesto a amar? Pero, ¿qué quiere decir amar a Cristo? Quiere decir fiarse de Él, incluso en la hora de la prueba, seguirle fielmente incluso en el Vía Crucis, con la esperanza de que pronto llegará la mañana de la resurrección. Si confiamos en Él no perdemos nada, sino que ganamos todo. Nuestra vida adquiere en sus manos su verdadero sentido. El amor por Cristo se expresa con la voluntad de poner en sintonía la propia vida con los pensamientos y los sentimientos de su Corazón. Esto se logra mediante la unión interior, basada en la gracia de los Sacramentos, reforzada con la oración continua, con la alabanza, con la acción de gracias y la penitencia. No puede faltar una atenta escucha de las inspiraciones que Él suscita a través de su Palabra, a través de las personas con las que nos encontramos, de las situaciones de vida de todos los días. Amarlo quiere decir permanecer en diálogo con Él, para conocer su voluntad y realizarla prontamente.Pero vivir la propia fe como relación de amor con Cristo significa estar dispuestos a renunciar a todo lo que constituye la negación de su amor. (...) a «amar [a Dios] con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios» (Marcos 12, 33). (...)la fe en cuanto adhesión a Cristo se revela como amor que impulsa a promover el bien que el Creador ha inscrito en la naturaleza de cada uno y cada una de nosotros, en la personalidad de todo ser humano y en todo lo que existe en el mundo.

(...)

"Os lo pido, cultivad este rico patrimonio de fe que os han transmitido las generaciones precedentes, el patrimonio del pensamiento y del servicio de ese gran polaco, el Papa Juan Pablo II. Sed fuertes en la fe, transmitidla a vuestros hijos, dad testimonio de la gracia que habéis experimentado de un modo tan abundante a través del Espíritu Santo en vuestra historia. Que María, Reina de Polonia, os muestre el camino hacia su Hijo y os acompañe en el camino hacia un futuro feliz y lleno de paz. Que no falte nunca en vuestros corazones el amor por Cristo y por su Iglesia. ¡Amén!"

5 comentarios:

  1. robespierremayo 27, 2006

    Manolo te felicito por tu blog, en particular por tu template, muy fasion somo tu comprenderas...

    saludos seré un transeunte y critico habitual

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  2. JuanRamonmayo 30, 2006

    Què bueno que pones noticias del PApa

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